Camaleón bebé

              Just let me know I’ll be on the floor, on the floor, maybe we’ll work it out, I gotta get better, gotta get better.

Esta mañana recibí un video de un camaleón bebé cambiando de piel, era la forma en la que él me decía que me amaba y me confirmaba que aún seguía ahí.

Pessoa escribió un domingo que su corazón se partió en diez mil pedazos y no podía con el dolor que lo consumía y, sin embargo, vio actos de entrega tan grandes que lo hicieron llorar lágrimas de alegría. Eso soy y eso es -en parte- él.

Estoy destrozada, mal hecha, con un dolor intenso y constante que ahora convive con una inmensa alegría, una que jamás había conocido, una que ni siquiera había imaginado. Le he mostrado un poquito de ese dolor ¡y no se ha espantado!; intento esconderlo porque me produce vergüenza, porque aburre, porque es un sinsentido, pero a veces se desborda sin poder controlarlo y me produce unas inmensas ganas de huir, él solo me atrapa para abrazarme y contenerme, para mostrarme camaleones bebés y así decirme que se puede amar desastres sin querer arreglarlos.

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