El miedo de Andrés

Vivir las relaciones en esta época lo veo como privilegio porque tengo la oportunidad de reflexionar sobre mis ‘funciones’, mi ‘rol’, mis acciones y las del otro; esta reflexión no solo se da en la dualidad estrecha del bien y el mal porque es más profunda. Por eso he decido compartir esto con ustedes (no lo he escrito yo pero me han dado el gran privilegio de ponerlo aquí) porque me gustaría que se generara una conversación al respecto

“Hace dos meses estoy saliendo con Andrés. Voy a usar su nombre real porque sólo tengo cosas buenas que decir de él. Esta mañana, por ejemplo, me llamó para decirme que es veinticinco, que se cumplen dos meses desde que estamos juntos. ¿No te acordabas, verdad? Me pregunta esperando estar equivocado. No sólo no me acordaba, esa fecha no significa nada para mí. Andrés nunca me ha pedido que sea su novia -aunque me trate como si lo fuera- y lo que conmemora es la primera vez que tuvimos sexo. 

Andrés me llama varias veces al día, me pregunta si almorcé, si tengo sombrilla porque la méteo dice que va a llover. Me dice que le habló de mí a su mamá con una sonrisa llena de orgullo que a mí sólo me llena de pánico.  

En la cama hablamos dos idiomas distintos, y nos entendemos, pero para él sexo está lleno de romance, amor, cuidado. Para mí es más un lugar de libertad, un lugar lleno de cuidado de sí y del otro que no tiene que depender del romance para estar lleno de amor. 

Cuando me quedo callada y me pongo a mirar las hojas secas queriendo lanzarme sobre ellas como si fueran un colchón de nubes, Andrés me pregunta angustiado si me pasa algo. Sonriendo le respondo que todo está bien y me dice, con la tranquilidad de quien dice la verdad, que a veces se siente como la mujer de la relación. 

¿?

No puedo decirle nada porque no tengo nada claro, excepto que lo quiero y que me siento feliz con nuestra relación como es. Repaso todas las cosas en las que no soy una damita y en las que él se ha permitido no ser un macho: su cuidado, su ternura, su paciencia y la enorme generosidad de esperar que el enredo que tengo por corazón se anime a abrirse, descubro que son justamente esas cosas las que más aprecio. Sin embargo, se me rompe el corazón porque que Andrés le preocupe ser la mujer de la relación rompe muchos de los puentes que hemos construido. 

Se me rompe el corazón porque, en la sociedad, mi rol de mujer es tan estrecho y su rol de hombre es tan rígido que no podemos atrevernos a ser nosotros mismos. Yo no quiero un amor con roles de género, quiero un amor donde ambos podamos ser maternales, liberados, silenciosos, independientes y dependientes, sin preocuparnos si eso nos hace débiles… 

Y es que al final todo se reduce a eso, a que Andrés tiene miedo de que su amor lo haga débil porque se supone que las débiles somos nosotras.”

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